jueves, 7 de noviembre de 2013

La importacia de una Lovemark


La empresas ya se dieron cuenta de sus errores y las problemáticas acerca de: 
  • la falta de atención del consumidor hacia la marca,
  •  la proliferación de productos idénticos, 
  •  la falta de credibilidad de las marcas ante los consumidores, 
  •  el consumismo,  
  • el maremágnum de información,
  • las ofertas, entre otros aspectos.

Lo cual ha permitido que las compañías hagan uso de la mercadotecnia dirigiendo la atención hacia la inclusión de las emociones, sentimientos, sensaciones y vivencias, permitiendo enfocar la concentración de las empresas en la preocupación por conocer al consumidor directo.
La importancia de la creación de una Lovemark va en dirección al ámbito comercial pues permite tener una mayor competitividad en el mercado ofreciendo un plus emocional de la empresa.
Sin embargo, no todo lo bueno se lo lleva la empresa ya que las compañías se encuentran más preocupadas por atender las necesidades y deseos de los consumidores; se procura el diálogo entre marca y consumidor, pues son quienes tienen toda la información acerca de cambios, muertes o nacimientos en los productos.
¿Por qué apelar a las emociones?
La respuesta es clara y directa, las emociones son lo que mueven a los seres humanos, no la razón. Cientos de estudios científicos han demostrado que si los centros emocionales del cerebro resultan dañados de alguna manera, no solo perdemos la capacidad de llorar o reír, también perdemos la capacidad de tomar decisiones.
El neurólogo inglés Donald Brian Calne habla sobre la anteposición de la emoción frente a la razón y afirma que “ La diferencia esencial entre la emoción y la razón es que la emoción nos lleva a la acción, mientras que la razón nos lleva a elaborar conclusiones”[1]. El cerebro es el órgano humano más complejo, tiene más interconexiones y es el más misterioso de lo que se puede imaginar. Es por ello que resulta pertinente y de gran ayuda entender la importancia del neuromarketing en el proceso de construcción de Lovemark, puesto que esta disciplina “nos indican que la ubicación, el empaque y la comunicación son factores que pueden cambiar la preferencia del cliente sobre una marca que no es precisamente su favorita”[2].
A partir de las respuestas neurológicas del consumidor, la empresa puede crear conclusiones y determinar que la emoción y la razón están entrelazadas, sin embargo, cuando entran en conflicto, la razón siempre sale perdiendo.
Acerca de la de la razón ante la emoción, Maurice Levy, presidente de Publicis Groupe, dice que “Los consumidores que toman decisiones basándose exclusivamente en hechos representan una minoría muy pequeña de la población”. Esto refiere a que la mayoría de los consumidores nos dejamos guiar por las emociones e impulso; ya que las emociones forman parte de este proceso de toma de decisión de compra, sin embargo es el único factor, la accesibilidad, la conveniencia y la oportunidad son elementos que no pueden faltar para que tu “lovemark” se vuelva líder en ventas en su categoría.
Maurice Levy explica que la mayoría de la población busca un consumo a partir de una base racional preguntándose: ¿qué hace el producto y qué es la mejor elección?, sin embargo la decisión recae en las emociones: me gusta, lo prefiero, me produce una buena sensación, me siento cómodo, entre otros.
Esta acción de compra según Levy es de manera sutil, ya que “la mayoría de las veces antes de ver algo en detalle, ya nos hacemos una idea previa de lo que es. Antes de comprender, sentimos. Y es esencial hacer que las personas se sientan bien con las marcas y que éstas despierten  sensaciones positivas”[3]. Lo anterior es lo que delimita la diferencia en la elección de una u otra marca y hace notoria la importancia de crear una Lovemark.


[1] ROBERTS, Kevin, Op. Cit. Pág. 42
[2] De ALBA, Alfonso, ¿Ser una “LoveMark” se traduce en grabdes ventas?, InformaBTL en: http://www.informabtl.com/2012/ser-una-lovemark-se-traduce-en-grandes-ventas-2.php consultado el 31 de mayo de 2013 a las 15:46 hrs.
[3] ROBERTS, Kevin, Op. Cit. Pág. 43

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